EL ÚLTIMO PARTIDO

Escrito por Paco Alcaide

Marzo ha entrado con mal pie. Esos nubarrones negros y oscuros llenos de lluvia, siempre tan deseada, también se han transformado en una tremenda tristeza al conocer la noticia de la pérdida de nuestro amigo y compañero Pepe Márquez Algaba.

La vida, el bien más preciado que toda persona posee, a veces te juega malas pasadas, una mala partida de póker o, como en el caso de nuestro Pepe, un trascendental partido de fútbol con derrota incluida.

Nunca llegué a pensar que tuviera que escribir estas palabras, si bien , cuando me enteré del rival a batir es cierto que suspiré y me froté los ojos haciéndole creer a mi mente que todo esto no estaba pasando. Pero también confié en que el resultado iba a ser positivo ya que nuestro amigo, un chaval joven, sano y deportista, sería capaz de marcar el “gol de su vida ” y derrotar a ese enemigo tan potente.

La contienda era de una dificultad extrema, un solo jugador enfrentándose a una legión de contrarios hostiles sin corazón ni sentimientos dispuestos a vencer a toda costa a su rival. Por contra, nuestro Pepe tenía a favor un público entregado y sumiso en la grada animando día tras día su frágil estado de ánimo.

El graderío, su público, sus amigos y familiares le estuvieron apoyando sin descanso hasta el último instante, con pasión, con fervor a sabiendas que la batalla se estaba perdiendo. Había días buenos, otros aciagos, algunos goles marcados y otros tantos encajados era el devenir diario de un chaval de 28 años que se estaba enfrentando y luchando en el partido más importante de su vida.

El rival se fue creciendo con el paso del tiempo, destruyendo y expulsando los pocos compañeros que le quedaban en el campo a nuestro Pepe. Solo y fatigado, se sintió débil por momentos y claudicó con una sonrisa en sus labios un 1 de Marzo de 2018 , justo cuando el árbitro de la contienda pitó el final de la batalla.

Amigo Pepe, no seré yo quien suba el tanto al marcador, ni por supuesto seré la persona que vaya a felicitar al contrario en señal de respeto. Maldeciré el final de este encuentro e intentaré impugnarlo porque la pelea no ha sido justa. Quizás algún día, el estamento competente, me dé la razón  aunque para ese momento ya será demasiado tarde.

Si me lo permites, amigo Pepe, me quedo con tu bondad, con tu pícara sonrisa de chaval alegre, con tu responsabilidad y tu trabajo bien hecho. Nos quedamos sin un amigo, un entrenador y un ex jugador que, aunque perdió la última batalla, su recuerdo siempre quedará latente en nuestros corazones.

Buen viaje y descansa en paz amigo.

PEPE

Author: apedem

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